Así lo definitivamente los pescadores artesanales de Galápagos que han diseñado un proyecto experimental que garantiza la baja incidencia de especies protegidas como el tiburón.

Cuando escuchamos “pesca con palangre”, nuestros oídos se estremecen y nuestra mente empieza a imaginarse largas líneas con anzuelos donde caen cientos o millas de tiburones y otras especies protegidas como tortugas marinas, mantarrayas o lobos marinos.

Esta realidad cambia en Galápagos, porque dentro de su reserva marina se permite solo la pesca artesanal, esto significa que no existen embarcaciones medianas y mucho menos de gran calado. “Las lanchas que son permitidas en Galápagos y que tenemos miden entre 7,5 y máximo 8 metros y medio” refiere Pedro Ascencio, miembro de la cooperativa de pesca Pelikan Bay.

Pero esto no es todo, como la pesca es artesanal no está permitido el uso de maquinaria mecánica dentro de las embarcaciones por lo que todo el esfuerzo pesquero es manual. Esto garantiza dos cosas, la primera que el tiempo y las distancias que pueden recorrer son limitadas y lo segundo, y más importante es que la capacidad de pesca que no supere en ningún caso las 3 toneladas. De hecho, antes de se cree la Reserva Marina de Galápagos, se extraían alrededor de 28000 toneladas al año, mientras que en la actualidad lo que se extrae anualmente no llega a las 600 toneladas.

Todo esto, según explican varios pescadores, es lo que la gente local y peor aún a nivel nacional no conoce, y que es lo que según su experiencia permite que el arte de pesca denominado Palangre no sea nocivo en las aguas del archipiélago.

De hecho, como sector pesquero organizado, han buscado tecnificarse y utilizar métodos científicos para garantizar que su actividad sea eficiente y altamente amigable con el recurso pesquero, para garantizar que las artes de pesca que utilizan no sean nocivos y por el contrario puedan garantizar el ingreso a mercados nacionales e internacionales con certificados de buenas prácticas.

La pesca con palangre, se define como la extensión de una línea madre de la cual penden ramificaciones de aproximadamente 3 metros que quedan suspendidas en extensiones de aproximadamente 200 a 300 metros, en el caso de Galápagos, con un promedio de 80 enlaces, y no como sucede con la pesca industrial donde las líneas que se tiran al mar son de varios kilómetros dependiendo de la capacidad de la embarcación y el número de enlaces es que van de 2000 a 5000 anzuelos. Según versiones de los pescadores locales de las islas.

Iniciamos aquí el análisis del PALANGRE para que tanto las instituciones de manejo como el Ministerio del Ambiente a través del Parque Nacional Galápagos, el Consejo de Gobierno como ente máximo rector de las políticas de manejo de Galápagos junto a los sectores involucrados como las cooperativas de pesca , el Instituto Nacional de Pesca y las entidades de investigación junto a la academia, pueden de una vez por todas delimitar esta actividad.

Vea aquí lo que dicen un grupo de pescadores organizados que cuentan ya con un proyecto que lo han financiado con recursos propios y que está a la espera de la aprobación del pleno del Consejo de Gobierno.