Muchas son las personas que llegaron a establecerse en las islas, solo algunas se adaptaron a las durísimas condiciones, logrando radicarse permanentemente. Sin lugar a dudas, todo lo descrito se refiere solo a los primeros habitantes, faltan apellidos y nombres de colonos y pioneros, sin embargo, aspiramos que en futuras entregas podamos relatar los nombres, apellidos y familias, y otros muchos aspectos importantes, que son parte de la bella historia humana de Galápagos.

Patrick Watkins, primer habitante de las islas Galápagos

El primer residente de Galápagos, es el marinero irlandés Patrick Watkins, quien fue abandonado en Floreana a principios del siglo XIX. Watkins nació en el pueblo de Tullamore, en el corazón de Irlanda en el siglo XVIII. De acuerdo con relatos posteriores, Watkins logró sobrevivir cazando y cultivando vegetales, y vendiendo sus productos a cazadores de ballenas, hasta que finalmente descubrió un bote y lo usó para navegar hacia Guayaquil.

Los balleneros Encontraron un campo cultivado, podría considerarse una alucinación el mirar los huertos de Patrick Watkins, auto declarado “Emperador”. El conocimiento de este singular hecho lo debemos a la bitácora del capitán norteamericano David Porter, quien estuvo en Galápagos en 1812.

Algunas historias se han relatado sobre Watkins, basadas principalmente en información del diario del capitán David Porter y de la obra The Piazza Tales de Herman Melville, bajo el título de The Encantadas. En todo caso Watkins existió y llevó una vida solitaria, tierra adentro de Playa Prieta, en Floreana, conocido entre los balleneros como “Pat’s Landing” – el Puerto de Pat-. Watkins vivió en Floreana de 1805 a 1809.

Watkins de apariencia salvaje se hizo sospechoso ante la policía peruana y fue tomado prisionero. Fue visto por última vez en la cárcel de Paita, en el Perú. Aparte de una historia trágica relatada por Melville en sus Piazza Tales, está registrado el caso de Watkins, como el primer habitante de las islas Galápagos.

 

Los primeros habitantes de Floreana

Si Patrick Watkins es considerado el primer habitante colono de Galápagos y que se estableció en Floreana. La segunda persona que habitaba Floreana sería Juan Johnson (aparece en algunos documentos como Jenssen), pues firmó el Acta de Posesión de las Islas como antiguo habitante. En el mismo documento se los declara como “primeros habitantes” de Floreana a: Miguel Pérez, Andrés Fumiel, Tomás Parra, Lorenzo Quiroga, José Chasín, Domingo Soligny, José Manuel Silva y a Juan Silva.

En 1832, en abril llegaron nuevos colonos y en octubre arribó el General Villamil con ochenta colonos más, haciéndose cargo de la gobernación de las islas, constituyéndose en su Primer Gobernador. El lugar fue llamado “Asilo de la Paz”, nombre que ha sido perpetuado por la familia Wittmer.

Los primeros habitantes de San Cristóbal

Manuel J. Cobos y su socio José Monroy resolvieron activar una empresa en la isla San Cristóbal, donde desde 1869 tenían diez individuos ocupados en la siembra de caña de azúcar, pesca y recolección de orchilla. Dichos individuos eran Antonio Alejandro, Victoriano Pizarro, José Ramírez, Patricio Cordoza, Tomás Beltrán, Lorenzo Lucín, Juan Chile, Lorenzo Gonzabay Pizarro, Pedro Regalado Banchón y su esposa Aurelia Baquerizo, convirtiéndose en los primeros habitantes de la isla Chatam (San Cristóbal), con residencia fija y quienes edificaron seis pequeñas casas.

En 1870 Cobos y Monroy echaron las bases para construir el floreciente ingenio denominado “El Progreso”. Para multiplicar la mano de obra, con personas a quienes les compraron las deudas para cobrar con trabajo, deportados por las autoridades, personas que se encontraban en la miseria, algunos extranjeros recién llegados y familias que con engaño les ofrecían el paraíso en la isla. En 1878 muere asesinado en Floreana, José de Valdizán, entonces 100 peones que habían trabajado en Santa María (Floreana) pasaron a prestar sus servicios en Chatam y el número de habitantes creció a 150 personas.

Para 1889 grandes máquinas a vapor sustituyeron al viejo trapiche. Se incrementó la producción de “El Progreso”, el área de terreno cultivable fue mayor y el número de pobladores era de 287 individuos, de los cuales eran: 213 hombres, 54 mujeres y 20 niños, cifra que para 1893 se incrementó a 334 personas.

Los primeros habitantes de Isabela

En agosto de 1897 Antonio Gil, el ex gobernador de la provincia del Guayas, se trasladó a Isabela, al no tener los éxitos esperados en Floreana. Gil adecuó un muelle, hasta donde llegó en la balandra “Tomasita” y el bergantín Nellie y al interior de la isla buscó tierra fértil para implementar su proyecto.

Un señor David Mora se hallaba ya establecido en Isabela (Santo Tomás). Se sabe de él sólo por los documentos legales relacionados con la venta de la propiedad de Mora a don Antonio Gil. Según Lundh (2001), el registro de la propiedad de Mora data de fecha tan tardía como 1906, cuando don Antonio Gil había estado en posesión de ella durante varios años. Parece ser que David Mora tenía tan sólo un derecho de propiedad. El plan era la exportación de ganado cimarrón. Calculaba que podía exportar desde Galápagos hasta 500 cabezas de ganado por mes; también iba a comercializar cueros de res y a explotar Azufre del “Cerro Azul”. Una vez arreglada la explotación de ganado con los herederos de Villamil, sobre el uso de Floreana e Isabela, con 28 colonos construyó bodegas, caballerizas, corrales y viviendas en la propiedad que la bautizó como Santo Tomás.

En una extensión de 100 hectáreas, dividió en cuatro zonas, aparte de la hacienda Santo Tomás. A las partes las denominó La Pretoria, Cerro Verde y Merceditas, dedicadas a la ganadería, cultivo de café, árboles frutales, cítricos y variedad de legumbres. Al Sur de Sierra Negra abrió otro sembrío de hortalizas y café, dando al lugar el nombre de Alemania.

En 1900, entregó la propiedad a su hijo Antonio Gil Quesada. Para extender la hacienda pidió el reconocimiento de un lote de terreno de 20 hectáreas que le correspondía según las leyes vigentes de colonización, al igual que Enrique Gil, José Rufino Seclén, Guillermo Simons y otros. Antonio Gil padre recibía y aprobaba las solicitudes como representante del Gobierno.

Tenía buenas relaciones Gil con Cobos, tanto en el transporte de las mercaderías a Guayaquil como en el intercambio de productos, llegando a cambiar trabajadores por ganado, como lo certifica el historiador Nicolás Martínez cuando llegó a la isla Isabela en 1906-1907. “La separación se dio porque Manuel J. Cobos quiso seguir explotando el aceite de tortuga en Isabela como lo había venido realizando durante los últimos veinte años, llegando a enfrentarse a bala los trabajadores de las dos islas”.

La alimentación de la población consistía en carne de res y de galápagos con yucas y otoy. La caña de azúcar se molía en un pequeño trapiche movido por bueyes, para la fabricación de mieles y la exportación del sobrante. Recogían el agua de lluvia en barricas y tenían un estanque de considerable capacidad en la casa grande, siendo el agua de lluvia la única que consumían. El transporte lo realizaban en la balandra “Tomasita”, capitaneada por el italiano Chiapella, esposo de Esther Rivadeneira.

Los primeros habitantes de Santa Cruz

En el tiempo del General Villamil había dos o tres chozas al pie de la colina que se eleva sobre Bahía Ballena. El botánico sueco Nils Johan Andersson y sus compañeros de la fragata Eugenie encontraron un pequeño grupo de hombres y una mujer que vivía en la Bahía Ballena en 1852, no se conoce si fueron abandonados por las autoridades o habían escapado de Floreana. Santa Cruz fue usada como lugar de castigo para los trabajadores de Chatam, un ejemplo de ello es Camilo Casanova, quien fue abandonado hasta después de la muerte de Manuel J. Cobos.

Alrededor de 1910 Felipe Lastra se estableció en Santa Cruz por siete años, trabajó una pequeña granja cerca de Bellavista, el mexicano había sido capataz en la plantación de azúcar de “El Progreso” en San Cristóbal.

El ecuatoriano Elías Sánchez, vino a la isla en 1917, empezando una granja en la parte más baja de la región húmeda. También en 1925, cuatro hombres y unas cabezas de ganado se trajeron de San Cristóbal. Un guayaquileño de la familia Amador Baquerizo planeó empezar un rancho ganadero en la isla. Sus hombres se establecieron cerca de Lastra, llamando al área “Hacienda Fortuna”.

En 1925 había alrededor de una docena de hombres que vivían en una casa de caña cerca del pozo de Pelican Bay. Ellos tenían cerca un cobertizo que se usaba para salar y guardar el bacalao, la langosta espinosa y los filetes de tiburón que se enviaban al continente.

En la tarde del 7 de agosto de 1926, los colonos noruegos llegaron a la Bahía de la Academia. El propósito era instalar una enlatadora de pescado. Adquirieron el derecho para tomar las veinte hectáreas de tierra, que normalmente se permitía a cada colono. Pusieron rieles desde el malecón al sitio de la enlatadora, colocaron una tubería hasta el pozo de agua de Pelican Bay, erigieron paredes de concreto para construir la enlatadora, construyeron siete casas de madera y un horno de ladrillo para hacer pan. La enlatadora permaneció en producción hasta noviembre de 1927. Así se iniciaba la conformación de lo que hoy es la ciudad de Puerto Ayora. Cuando la mayoría de los noruegos salieron en diciembre, los Hornemans, Sigvart, Tuset y Elías Sánchez fueron las únicas personas que permanecieron en las regiones montañosas.

En 1928 aumentó la población de la isla. La Señora Horneman volvió de San Cristóbal con su hijo Robert. También vinieron a Santa Cruz, Emil y Olga Larsen con su hija; y, Arnulf y Eugenie Greiner con sus dos hijos. El 9 de octubre de 1928, Emil y Gunnar Larsen fueron de pesca a Tortuga Bay, pero tuvieron un accidente en el que perecieron los dos Larsen. La población permanente de Santa Cruz se redujo ahora a cuatro solteros: Sánchez, Stampa, Wold y Johansen, el último permaneció sólo un poco más en la isla.

Otro noruego, Trygve Nuggerud, trajo a su esposa ecuatoriana, María. Además, en 1932, llegó el Capitán Herman H. Lundh, uniéndose al año siguiente su esposa Helga y su hijo Jacob. Cerca de la actual Bellavista, estaba la finca “La Victoria” de Abraham Bedoya, quien llegó en 1930, se mantuvo en Santa Cruz hasta su muerte.

No lejos de Bedoya estaban las propiedades de Wold, de Stampa y Horneman. En 1933, Stampa tenía su novia Alvhild Holand, el año siguiente, nació su hija Ana, el primer nacimiento registrado en Santa Cruz. Este mismo año arribó el alemán Carlos Kübler, con su esposa Marga y su hija Carmen. Esta familia había vivido varios años en España y hablaban fluidamente el español, un hecho que llevó a que a Don Carlos lo nombraran comisario, fijando su residencia en la ex enlatadora.

En 1935 vinieron unos pocos noruegos más: Thorvald Kastdalen, su esposa Marie, su hijo Alf y su compañera Amanda Christoffersen. Con ellos vino también la familia Graffer-Sigurd, su esposa Solveig, con sus hijos Arne y Erling. El mismo año también se vio la llegada de una familia sueca, los Lundberg, Saimy y John, con su hija Gloria. Los Lundberg también tenían una propiedad excelente. Graffer, abandonó los cultivos dedicándose a la construcción. Su casa en la actualidad es uno de los bienes inmuebles patrimoniables más preciados de Santa Cruz.

En 1937, llegaron los cuatro hermanos Angermeyer: Gus, Hans, Karl y Fritz. Hans trajo a su primera esposa Lizzie. Aunque los tres hermanos Angermeyer mantuvieron una granja, dejaron de cultivar para dedicarse a la pesca. En el mismo año llegó el Capitán Rafael Castro y su familia que incluía a una hermana viuda y sus dos niños.

En el decenio de 1940 se establecieron en Santa Cruz los suizos Roberto Schiess y Adolfo Coray, este último con su esposa e hija. Otro colono suizo Adolfo Hanny, instaló un taller de carpintería en Pelican Bay, donde cultivaba cocos, higos y uvas. Esto tres colonos suizos trabajaron y murieron en la isla.