Las tortugas gigantes son probablemente las especies más emblemáticas de Galápagos, pero lamentablemente están entre las más afectadas directa e indirectamente por la presencia del ser humano en el archipiélago. De acuerdo a registros históricos, a pesar de más de 50 años de esfuerzos desplegados por el Gobierno del Ecuador y una serie de organizaciones internacionales para lograr la recuperación de sus poblaciones, hoy en día, en Galápagos habitan solo 11 especies son las sobrevivientes y solo entre 10-20% del número de tortugas que habitaron en las islas hasta hace unos 300 años atrás. 

Reflejaba altivez y curiosidad en su mirada. Con su cuello y patas estiradas alcanzaba una altura de 1,30 m. La piel denotaba vejez por lo dura, arrugada y poco elástica, aunque aquello, no decía su edad, sino el enorme caparazón con forma de montura que llevaba a cuestas. Un caparazón único en su especie por los arcos pronunciados que le permitía que sus extremidades y cuello salgan de esa cavidad.

Así era la imagen del Solitario George, una imagen icónica que perdura en la memoria de quienes lo conocieron y que se mantiene, casi intacta, luego de su embalsamamiento. 

Sin duda la historia más triste ha sido la de la especie de tortugas de la isla Pinta (Chelonoidis abingdonii), cuyo último sobreviviente fue el Solitario George. Su desaparición conmocionó a muchos seres humanos alrededor del mundo entero que lo visitaron y conocieron su historia. Desde su descubrimiento en Pinta y los posteriores 40 años en el Centro de Crianza en Santa Cruz, el Solitario George se convirtió en un ícono de la conservación, llegó a ser el referente de la lucha por la supervivencia de las especies en un planeta que necesita de una consciencia colectiva que mire con mayor respeto a la naturaleza.

Técnicos y científicos abrigaron la posibilidad de salvar su especie, sabían de la urgencia de trabajar, investigar y encontrar una vía que garantice su reproducción. Durante décadas de trabajo y múltiples esfuerzos se vieron truncados cuando la mañana del 24 de junio del año 2012, “Don Fausto”, el guardaparques que cuido de el, encontró sin vida a su amigo de toda la vida. 

En un escrito de Walter Bustos, Director del Parque Nacional Galápagos en 2017, dijo: “Recuerdo su rostro en aquella mañana, su expresión daba cuenta del día al que nadie quería llegar, sucedió lo inevitable, se había extinguido una especie para siempre”. 

El Solitario George murió producto del desgaste propio de la edad, si bien su rol biológico había terminado, una nueva etapa de su existencia empezó el mismo día de su muerte. Ahora George, icono de la lucha de la extinción, ha permitido demostrar que hay acciones de los seres humanos que aún cuando son involuntarias, inevitablemente pueden conducir a la extinción de especies. 

En este sentido, su legado es un recordatorio de que el propio ser humano es el único que tiene la capacidad de desarrollar todas las acciones posibles para que otras especies no corran con la misma suerte. 

 

Aquí un poco de su historia contada por Por Linda J. Cayot, Asesora Científica de Galapagos
Conservancy:

https://www.galapagos.org/wp-content/uploads/2017/07/La-Historia-de-Solitario-George-2017.pdf